Un tema de continua preocupación durante la etapa infantil, es la seguridad de los niños. Este tema hace que uno siempre se pregunte ¿Qué debemos hacer para que los niños no tengan accidentes? O, en todo caso, ¿Qué hacer para minimizarlos al máximo? Tan sólo en España, la estadística apunta a que en los últimos años se han producido medio millón de accidentes infantiles, muchos de los con consecuencias mortales. Lo anecdótico del caso es que muchos de estos accidentes, por sus características y causas, son perfectamente previsibles y por tanto evitables. Este razonamiento nos refiere inmediatamente a la palabra negligencia y, aquí, la luz apunta hacia los adultos, pues esa tarea nos corresponde a cada uno de nosotros y no sólo a nivel de educación de nuestros hijos, sino también de la educación nuestra respecto a las medidas de previsión que debemos tener tanto dentro como fuera de casa. Yendo de mayor a menor en la escala de mortalidad de los accidentes, es claro que la primera preocupación deben ser los accidentes de tránsito. Aquí, se hacen necesarias, más que nada, medidas de largo plazo, como la educación vial en los niños pero sobre todo en adultos.

Imagen tomada de Flickr por abuelapinocho
Luego de los accidentes de tránsito, tenemos los casos de asfixia en la escala de mayor frecuencia. Estas se producen por atragantamiento con algún objeto contundente que generalmente los pequeños tragan en medio de sus juegos o también se produce por inmersión, casi siempre en piscinas o en playas. Por cierto que los bebés también pueden asfixiarse en sus propios vómitos si es que estos se producen mientras duermen. En estos casos, la vigilancia es la única medida de prevención que podemos citar puesto que un niño muy pequeño no tiene mayor conciencia de estos potenciales peligros y menos en medio de sus juegos. Luego tenemos los accidentes referidos a las caídas, viejos conocidos de nosotros y que probablemente se dan con bastante frecuencia en casa.
Estas caídas se pueden convertir en mortales cuando son exteriores, desde ventanas o azoteas peor dentro de casa también podrían resultar mortales dependiendo de la zona afectada y del punto de impacto. Otra forma más o menos común de accidentes infantiles es la intoxicación con sustancias que resultan venenosas para cualquier organismo, generalmente medicamentos en dosis altas o cuya vía de administración no es oral. Estas intoxicaciones también suelen darse con los productos de limpieza como ceras líquidas y desinfectantes.
Otro accidentes son de tipo circunstancial y se dan generalmente en casa, durante los primeros cuatro años de vida. Por ejemplo, un accidente frecuente son las quemaduras, cuando el niño accede al área de la cocina y uno no es capaz de prever una situación de potencial peligro. Otro de estos casos de accidentes caseros es la , cuando el niño juega en tomas de corriente o con cables de corriente. Incluso en los supermercados hay que tener en cuenta esto, en la zona donde se prueban los focos. Recuerdo que yo recibí un fuerte toque de corriente por meter un dedo en este curioso huequito donde se iluminaban las bombillas. Nuevamente, la atención de los padres o tutores es fundamental en estos momentos. De los cuatro años en adelante, se eleva la tasa de accidentes fuera de casa ya que el niño toma más contacto con la sociedad, ya empieza a asistir al kindergarten o sus primeros años de escuela o simplemente juegan más en áreas exteriores de la casa o en parques y por tanto son propensos a accidentes automovilísticos. En esta etapa, también puede ser peligroso el juego que consiste en volar cometas ya que por seguir la trayectoria de estas, pueden recibir una descarga eléctrica de algún cable aéreo.

Imagen tomada de Flickr por maimbajlamesa
Tan importante como prevenir los accidentes, es el alcance que se le da, a los niños, respecto de los mismos. Ayuda mucho explicar al niño, de ser posible con un ejemplo visual, el por qué es importante seguir ciertas conductas y el por qué de la prohibición de ciertos asuntos. El ser humano por naturaleza, y más los niños, son curiosos y les gusta saber el porqué de las cosas y, en ese impulso, pueden estar tentados de averiguarlo por su propia cuenta. Si se le dice, no metas los dedos en la toma de corriente o no cojas , probablemente intentará aunque sea un contacto leve con estos aparatos, para probar la veracidad de nuestras afirmaciones. Quizá tengamos que estar allí para comprobar que no se hagan daño. Por otra parte, no se sugiere que los padres se conviertan en policías ya que incluso, algunos leves accidentes como una caída, son parte del proceso natural de evolución en un ser humano. No caer en el hostigamiento pero tampoco en la desidia.


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