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Estudiar en otra ciudad

Por P. Córdoba, en 24 de Enero de 2008

estudiante autobus otra ciudad
El encanto de otra ciudad puede ser una de las razones que seduzca la mente del estudiante, que empieza a plantearse qué hacer con su vida, qué estudiar, dónde y cómo. La posibilidad de ir a otro lugar para continuar los estudios, significa para muchos abrir una ventana a otra realidad.

Una oportunidad para alcanzar más autonomía con respecto a las reglas de los padres, y adquirir nuevos círculos sociales. Una vida en la que estrenarse en el mundo laboral, para costearse los estudios, el alquiler del piso de estudiantes, y el día a día a Kilómetros de distancia de sus hogares.

Hay quienes además del incentivo de ganar independencia y conocer países o ciudades nuevas, aprovechan la circunstancia para aprender idiomas. No son pocos los que se apuntan a programas de intercambios o becas que les permiten estudiar las materias de su formación en el idioma del país que los acoge. Una forma de “conseguir dos objetivos al precio de uno”.

En otras ocasiones, este traslado no se debe tanto a fines emocionales o formativos, como pragmáticos. Hablamos de aquellas situaciones, en las que los jóvenes residen en un municipio, considerablemente alejado del núcleo urbano en el que se ubica la universidad. Las dos horas de ida y las dos de vuelta, les obligan a replantearse la opción de irse a vivir cerca del centro de enseñanza. Esto puede hacer sonreír a más de un estudiante de algunas capitales, quien a pesar de residir a tan sólo 20 kilómetros del campus universitario, el tráfico de las mañanas le regala prácticamente hora y media o dos de transporte público.

Otro motivo suele ser la imposibilidad de realizar los estudios que desean en las universidades de su ciudad natal, porque su nota media no es suficiente para tramitar el acceso. Entonces, es cuando hay quienes deciden realizar el primer curso en otro lugar, para después volver el segundo año a su ciudad, sin tener que perder ese año de sus vidas improductivamente, o acabar matriculados en enseñanzas con las que no se identifican.
Por otro lado, hay determinadas carreras universitarias que sólo son ofertadas por comunidades autónomas de mayor población o economía. Con lo que si quieren realmente estudiar algo que les llene, se ajuste a su orientación vocacional, o cuente con prácticas remuneradas interesantes, han de hacer la maleta durmatriculaciones universidadante nueve meses.

Cualquiera que sean las causas que les impulsan a aprender en otro territorio distinto al de sus orígenes, el hecho es que no deja de ser una experiencia enriquecedora, que les concede la posibilidad de conocer las costumbres, la gastronomía, el ocio y los estilos de vida de los vecinos autóctonos. Para algunos será una vivencia de transición al mundo adulto definitivamente, pues cuando acaben sus estudios, consolidarán su emancipación, al incorporarse al mundo laboral, desde su propia casa (pisos compartidos, de alquiler, etc).

Este cambio en sus vidas, no es sólo la aventura del viajero, supone una adaptación, ir familiarizándose con las rutinas cotidianas, que antes eran llevadas a cabo por sus padres (cocinar, la compra, la colada, tareas domésticas). Tareas obligadas si no se quiere acabar sobreviviendo de las tarteras de las madres y las pizzas durante todo un año. Con el añadido, de no perder el objetivo que les llevó allí: sacarse una carrera, y después de las consagradas fiestas oportunas, rescatar un tiempo de estudio, con el fin de no tirar el dinero por la ventana.
Tampoco podemos olvidarnos del sentimiento de nostalgia por el que pasan algunos, quienes dejan a sus amigos, novi@s y familiares, y del continuo trasiego de maletas que sufren en el ir y venir de visitas, mudanzas y reencuentros.

En el lote de esta hazaña, hay que incluir a los compañeros de piso (o de habitación en residencias de estudiantes) que toquen. Si se huía de los conflictos del hogar entre hermanos, esta opción puede terminar recordando que desacuerdos en la convivencia hay en todas partes y con todos.

Si te animas a viajar para aprender, anota y prepara tu equipaje con:

-Una buena dosis de paciencia y habilidades de negociación para compartir estancias y el día a día con otros alumnos de la residencia de estudiantes, compañeros de piso, o familiares que te hospeden en ese tiempo. Prepárate para llegar a acuerdos en las tareas domésticas, perder la intimidad de la habitación de tu casa, y adaptarte a esas pequeñas manías de los seres humanos.

-Un fajito de billetes con antelación, porque aunque tengas intención de trabajar o tus padres te vayan mandando dinero, cuenta con imprevistos y gastos iniciales de instalación. En España se estima una inversión de 6000 euros por curso.

-Si todavía estás cursando bachiller, y es algo que sólo tienes en mente, puedes ampliar la información con tu tutor u orientador del Instituto. El cambio no será tan brusco si mientras estás estudiando en tu región, te apuntas a viajes escolares, campos de trabajo o prácticas en loPiso de estudiantess meses de vacaciones en otros países o destinos.

En territorio español existe el programa SICUE, (Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios Españoles), que persigue el objetivo de facilitar la movilidad interna de estudiantes de una comunidad autónoma a otra, a través de estancias más o menos largas. Es una alternativa recomendable, sobre todo si tu universidad no dispone de determinadas asignaturas optativas o especialidades, que sin embargo puedes encontrar disponibles en otras ciudades.
Para muchos estudiantes comenzar esta movilidad a nivel nacional en un curso puede ser una buena manera de adquirir confianza y seguridad, para después participar en un intercambio internacional, en el que se combine viajar, estudiar y aprender otros idiomas a la vez.

Lejos de casa todo cobra otro significado y se gana en perspectiva. Puedes desarrollar una faceta en la que antes no te habías visto, subir un escalón para ser agente activo de tu vida. Piensa que hoy en día no es tan infrecuente tener que trasladarse a otra ciudad para trabajar, con lo que estudiar fuera puede ir abriéndote camino en ese sentido.

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2 Comentarios en “Estudiar en otra ciudad”

1

Tambien creo que estudiar lejos de casa es mejor, mi sobrino no estaba bien con las notas y cuando se cambio de escuela a otra ciudad mejoro mucho.

2

En mi caso, me fui a estudiar fuera por varias razones, pero dos pesaron más que las demás: que la titulación que me interesaba no se impartía donde yo vivía y que las perspectivas laborales que me ofrecía la ciudad de acogida eran muchísimo mayores. Pensando cómo era yo antes y después del cambio, puedo decir que la experiencia no solo resultó rica académicamente hablando, sino que me hizo una persona más organizada, más sociable, y que aprovecha mejor su tiempo.

Eso sí, el bolsillo se resiente, y mucho. Antes de decidir lo que se quiere estudiar y dónde, hay que tener en cuenta los gastos que va a suponer. Los primeros meses son de locura.

Un saludo.

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