En este mundo globalizado, la tecnología nos termina por influenciar a todos de una u otra forma, de forma directa o indirecta, de forma voluntaria o involuntaria. Pero creo que la característica principal radica en que nos demos cuenta o no del momento en que sucede este hecho y, sobretodo, de cómo está sucediendo este hecho. Por ejemplo, muchos de nosotros podemos creer que la Internet se ha mantenido más o menos estática desde la aparición del primer sistema operativo Windows hace ya más de una década. Quiero decir, iniciamos nuestra máquina, abrimos una página Web cualquiera y comenzamos a navegar buscando la información que necesitamos. Muchos aún pueden seguir en este modo que es la manera más simple de utilizar Internet, pero lo cierto es que ya casi van a ser cinco años desde que se empezó a utilizar el término Web 2.0. En este punto, uno podría pensar que tiene que actualizar el software de manejo su ordenador pero no es tan así. Si hablamos de actualizar es correcto, pero habría que hacer uso de un adjetivo posesivo y decir: debo actualizarme. En efecto, el Web 2.0 no es un software propiamente dicho sino más bien una actitud frente a las nuevas tecnologías. Pero un ejemplo es mejor que mil palabras (ese dicho se mantiene) y si antes usted podía obtener una página Web propia, con el contenido que usted requería y mantener contacto con los clientes de su grupo objetivo, pues hoy usted puede pensar en tener un blog que supone una interacción con sus clientes a través de los comentarios que estos puedan hacer dentro de su espacio. Por supuesto usted es libre de permitir cualquier tipo de comentarios que pueden ir desde las alabanzas y sugerencias hasta los más despiadados insultos o puede usted elegir el modo en que los comentarios serán moderados y aprobados o no por usted antes de su publicación. Otro claro ejemplo que podemos citar es el de Wikipedia, un sitio netamente de contenidos pero que, a diferencia de las enciclopedias virtuales tradicionales que existían en los albores de la Internet, es susceptible de ser modificada por los propios usuarios enriqueciéndola con más contenidos que pueden no estar al alcance del usuario final común, por ejemplo en temas que atañen a ciertas regiones o grupos culturales y en los que la información que puedan brindar estos grupos culturales resulta de primera mano toda vez que hay una experiencia directa de por medio.

Tomada de Flickr por Bensheldon
Esta última idea nos hace pensar en la capital importancia que nos trae la Web 2.0 en cuanto a que debe ser difundida y puesta al alcance de la mayor cantidad posible de personas. De esta manera el standard de los contenidos de la Internet se elevará ostensiblemente y junto con este la cultura de los usuarios finales, puesto que se podrán compartir experiencias personales, además de los conocimientos comunes que mal que bien se podrían encontrar en cualquier publicación escrita, en bibliotecas, etc. Aquí sí ya empezamos a hablar de otro nivel de conocimiento y, siendo muy entusiasta, bien podríamos decir que hemos quedado a un paso de lo que los místicos llaman telepatía. Pero no nos vayamos por ese campo, volvamos a la importancia de la difusión de la Web 2.0. Es evidente que las escuelas y los institutos especializados en la enseñanza de computación a los niños, sean los más preocupados en operar el cambio de estrategia de cara a la enseñanza de esta nueva forma de acercarse a Internet.

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