En la escuela, como en la vida diaria, los roles de los niños se diferencian claramente, más allá del objeto de concurrir a la escuela para aprender, la misma conforma un espacio social formativo de los aspectos psicológicos de los pequeños estudiantes y, en ocasiones, es el lugar donde definen su personalidad y postura frente al mundo. Allí podemos ver el nacimiento de grandes líderes, de personas profundamente introvertidas pero con una gran vida interior, artistas, excéntricos y políticos, por citar algunos casos.
Pero en el proceso formativo no sólo participan los educadores y, desde su hogar los padres, sino también y casi fundamentalmente, los pares, aquéllos con quienes el niño interactúa y que también están formándose, definiéndose y participando de los procesos de los demás para ajustarse a un entorno social donde todos tienen un rol.

Históricamente podemos definir una cantidad de roles que, a pesar de que pasen décadas, seguirán siendo los mismos: el estudioso, el introvertido, el líder, el contrariado, el artista, el bromista y, en una simbiosis que hoy nos ocuparemos el bribón o matón y su/s castigados.

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