
Una observación muy simple, me ha hecho reflexionar sobre el valor de un buen modelo. Estaba en las escaleras mecánicas del metro con un poco de prisa y quería ir subiendo a pie por ellas, sólo que tenía un pequeño problema: una mujer me obstaculizaba el paso, porque en lugar de situarse al lado derecho (el lugar donde se quedan las personas que se quedan quietas) estaba situada en paralelo a la izquierda de otra mujer, impidiendo el paso.
Le he tocado dos veces en el hombro y le he pedido amablemente si le importaba dejarme pasar. Me ha mirado de un modo extraño, como si el favor que le estaba pidiendo fuera algo excesivo. He seguido mi camino.
Al salir a la calle ha sido cuando me ha venido la reflexión sobre cuan fácil es seguir un modelo. ¿Cómo aprendí que era una norma de buena educación situarme en el lado derecho de las escaleras mecánicas para dejar pasar a aquellos que querían avanzar más rápido? Sin duda algún día que, de pequeña, mis padres me dijeron: “Ven aquí, ponte a la derecha, ¿no ves? Como nosotros. Así los demás te pueden adelantar si quieren”.


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