En los últimos años hemos asistido a un nuevo concepto acerca de los niños, se habla de una cualidad, conjunto de características y hasta de una nueva raza para referirse a este grupo de niños, al parecer superiores tanto fisiológica como intelectual y ni qué decir espiritualmente. Me refiero a los llamados niños indigo. En efecto, muchos de nosotros, al recorrer los escaparates de las librerías, podemos toparnos con al menos uno publicación a este respecto que coquetamente se asoma en uno de los aparadores de la sección de libros de autoayuda. El nombre puede sonar anecdótico y hasta poco serio pero se utiliza porque al parecer, estos niños poseen un aura de color azul que evidencia su pureza y avance espiritual según dicen algunos iniciados capaces de observar su aura a simple vista. Lo que es más, ellos mismos nos dicen que estos niños vienen al mundo con una noble misión de características que escapan al siempre parametrado terreno de la ciencia. Al parecer, estos niños vienen al mundo a sembrar la semilla de un nuevo orden social y cultural y por supuesto espiritual entre los seres humanos. En buena cuenta –aseguran- se trataría de hacer el puente de paso entre la tercera y la cuarta dimensión en un tiempo que está muy próximo.

Imagen tomada de Flickr por ezquizoide
Pero al margen de estas consideraciones que escapan a los brazos de la ciencia, estos niños, por su misma naturaleza, en la mayoría de los casos se topan con una serie de trabas en el mundo al que les ha tocado llegar. Evidentemente, al poseer una visión distinta del mundo y a tan temprana edad, no encajan en los moldes pedagógicos regulares de nuestra sociedad. Se les suele asociar con la hiperactividad y con la dispersión, encontrándolos siempre distraídos en horas de clase.


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