Hay ocasiones en que el matrimonio se constituye con gran ilusión y esperanza. Se hacen planes a futuro, incluso de dispone de un capital ahorrado con esfuerzo. Todo parece marchar bien y la pareja se casa. Es hora de tener el o los hijos tan esperados, en torno a los cuales girará el resto de sus vidas, pero el destino y la naturaleza a veces tienen otros planes. Puede suceder que la pareja no pueda concebir hijos y en ese momento el mundo se viene abajo y parece no haber esperanza. Sin embargo, aún queda a disposición un último recurso luego de que la ciencia haya agotado sus cartas. Me refiero a la figura legal de la adopción, mediante la cual, una pareja puede acceder a que le otorguen la custodia de un niño de manera permanente para que ocupe el lugar que un hijo natural nunca pudo. Desde el punto de vista legal, se puede ver a la adopción como un conjunto de deberes y derechos que se derivarán de un proceso y en buena cuenta de una filiación entre una familia y la persona entregada en adopción.

Imagen tomada de Flickr por happy mami
Sin embargo, debemos mirar más allá de la parte burocrática del asunto y establecer ciertas posiciones. Para empezar, la pareja debe estar plenamente convencida de que entregarán al niño todo el amor y cuidado que hubiesen tenido para con un hijo natural. Puede ser que el pensamiento solidario aflore y eso está bien, pero no debe ser el móvil más fuerte en una adopción.
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