
¿Quién no ha intentado alguna vez hacer un avión o una pajarita de papel, mientras se distraía?. Algunos han entrado de lleno a dedicarse durante horas a este arte milenario japonés llamado origami (de Ori = plegar y Kami = papel) o papiroflexia, que aparentemente consiste simplemente en doblar un papel, sin cortar ni utilizar ningún otro material para darle formas diferentes, pero la realidad es que tiene muchas aplicaciones educativas, que van más allá de un sencillo pasatiempo y se desconocen.
Hoy queremos presentaros la dimensión más instructiva de esta práctica, que por otra parte ha sido considerada además como un instrumento de rehabilitación médica y psicológica, una técnica matemática y científica, llegando incluso en Japón a utilizarse como ofrendas en ceremonias religiosas.
Si os lo recomendamos en un blog como eliceo.com, es porque queremos hacer hincapié en su utilidad como recurso educativo. Quizá en eso Oriente y los países nórdicos juegan con ventaja, pues allí la papiroflexia es una asignatura más de los colegios, por lo que allí está más que reconocido su valor pedagógico. Los expertos afirman que si un niño comienza una actividad manual a edad temprana, obtendrá una mayor madurez cerebral, lo que favorecerá su desarrollo intelectual. Por otra parte, si desde la infancia está en contacto con tareas artísticas, será más fácil que se sienta llamado a inventar, crear e imaginar.


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En los últimos años de estudios, o tras recibir el título de graduado y licenciado, uno quisiera detener el tiempo para decir adiós a la etapa de estudiante, y coger impulso para entrar con buen pie en el mundo del empleo. Después de toda una vida de formación, el alumno recoge su título tímida o ansiosamente, pero siempre sin saber cómo continuar. En esa fase de transición, en la que se está en tierra de nadie entre la frontera del estudiar y el trabajar, es preciso valorar todas las opciones sin precipitarse.
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Los autores de un artículo muy interesante llamado 






