Muchos de nosotros nos expresamos sin ser conscientes del proceso mismo de la comunicación. Esto es fácil de darse cuenta, puede usted mismo hacer una pequeña encuesta preguntando a sus amigos más cercanos acerca del proceso de comunicación para ver si tienen clara la dinámica del mismo y los componentes que participan en dicho proceso. Lo más probable es que los encuestados enmudezcan de pronto, se sonrojen o empiecen a tartamudear. Esto no quiere decir ni es reflejo de que no saben comunicarse ya que muchas veces lo actos inconscientes e instintivos son tan o más efectivos que los actos aprendidos y llevados a cabo con plena consciencia. Pero esto no quiere decir que no podamos perfeccionar el proceso de comunicación al conocerlo en detalle, sus componentes individuales y el papel de cada una de ellas dentro del proceso, papel que, por cierto, no es estático sino dinámico dependiendo de la calidad del proceso de comunicación que se esté estableciendo o que se piense establecer. Lo primero sería entender el concepto de comunicación como tal, en palabras simples, para luego sacar la lupa del análisis. Podemos decir entonces que la comunicación es el proceso de intercambio de mensajes que se da entre un emisor y un receptor. Alguien habla, el otro escucha y luego se intercambian los roles. Así de sencillo. Pero ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Por qué a veces la gente parece no entenderse o estar hablando dos idiomas distintos? Es hora de echar una mirada más detallada al proceso mismo antes de ensayar posibles respuestas a estas interrogantes que todos nos hemos hecho en uno u otro momento.

Imagen tomada de Flickr por Japcia, Japcita, Japciosa
El proceso de la comunicación empieza con la gestación de una idea que queremos comunicar. Digamos que es el total, en bruto, de lo que queremos decir. En este punto debemos tener muy claro lo que queremos decir o el efecto que queremos conseguir. Saber de qué vamos a hablar. El segundo paso en el proceso de comunicación vendría a ser la codificación del mensaje, punto tan crucial como el primero. Aquí debemos pensar más en función de nuestro hipotético receptor pues si nuestro interlocutor es una persona de nacionalidad inglesa que no entiende el castellano, debemos ser lo suficientemente dúctiles para enunciar el mensaje en inglés, asumiendo que este lenguaje sea de nuestro dominio, por citar un ejemplo extremo. Una vez que hemos codificado nuestro mensaje de la manera más clara posible para el receptor, es hora de pasar a la tercera etapa que sería la transmisión de nuestro mensaje a través de un canal. Este canal puede ser oral, escrito o audiovisual, con las distintas variantes que cada uno de estos pueda presentar. En todo caso, lo importante aquí es asegurarse que el canal carezca de interferencias o variables que puedan afectar y alterar nuestro mensaje original. Aquí podríamos citar el ejemplo de una comunicación telefónica a distancia, a veces algunas palabras se pierden y esto puede cambiar totalmente el sentido de lo que queríamos decir originalmente. Arribamos entonces al cuarto paso del proceso de comunicación, la recepción del mensaje. En este punto, todo queda en manos del receptor y de su disponibilidad para recibir el mensaje. Pero no debemos cargarle toda la responsabilidad a este, porque previamente, en los tres pasos anteriores, es responsabilidad del emisor, darse cuenta de lo que sucede del lado del receptor, si las condiciones están dadas para que reciba nuestro mensaje con claridad. Aquí podemos poner el caso de un reportero que trata de entrevistar a alguien en medio de una situación crítica como un accidente.

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